¿Por qué te conviene beber dos litros de agua al día?

Se debe consumir de ocho o nueve vasos de agua diarios, la misma cantidad de líquido que se pierde.

La razón es sencilla y exacta, como las matemáticas. Hay que beber la misma cantidad de agua que sale del cuerpo para conseguir el balance hídrico. Es decir, el equilibrio. “Como el cuerpo humano no es capaz de almacenar agua, hay que reponer toda la que se pierde a diario”, explica Iris de Luna, endocrinóloga del Hospital Universitario QuirónSalud de Madrid.

Cogiendo como modelo a un varón de 70 kg de peso, en condiciones normales (clima seco y ligeramente frío y una vida sedentaria, sin ejercicio extra), de media elimina al día de dos a dos litros y medio de líquido. La misma cantidad que se debe restablecer.

Las principales pérdidas de líquido se producen por la orina (el volumen eliminado depende del número de vasos que se tomen) y las heces (de 200 a 300 ml al día) y por la piel (de 450 a 900 ml). Pero también hay que tener en cuenta que con la respiración -el aire se humedece tras su paso por la nariz- se ‘desperdician’ de 250 a 300 ml diarios, según los datos de la doctora.

Si se intensifica el ejercicio, si hace más calor o si se tiene fiebre o diarrea, por ejemplo, se debe incrementar la cantidad de líquido. “No hay que olvidar que el cuerpo es muy sabio y gracias al sudor regula una temperatura corporal constante de unos 36 grados”, razona la doctora. Por este motivo, en verano es necesario aumentar la ingesta. Una dosis extra que puede provenir de las frutas típicas de esta estación: sandía, melón… con un alto porcentaje de agua en su composición. No hay que olvidar que la cifra de líquido aconsejada también incluye la cantidad presente en los alimentos.

Nunca de una vez

El aparato digestivo sólo es capaz de asimilar y digerir unos 800 ml de líquido a la hora, según la endocrino. Así que la toma de esos ocho o nueve vasos de agua debe realizarse a lo largo del día. Nunca de golpe.

En el caso de los deportistas, que necesitan reponer mucha agua al terminar la actividad, deben beber agua con azúcar y sodio (sales minerales).”Estos ingredientes aumentan la capacidad de absorción y el cuerpo puede conseguir ese equilibrio hídrico en tiempo récord”, aclara la endocrino.

Por simplificar, la cifra de dos o dos litros y medio es estándar para un individuo medio (siempre para estos casos de utiliza la figura de un varón de 70 kg, como revela la doctora). “Una chica que pese unos 50 kg lógicamente necesitará menos líquido, porque tiene menos masa corporal. Y una persona muy musculosa necesitará más, ya que el músculo es básicamente agua y proteínas. Sin embargo, una que tenga sobrepeso, menos, porque la grasa absorbe poca agua. Además, por nuestra composición, las mujeres acumulamos más grasa que los hombres -en las caderas, mamas- y necesitamos beber menos que ellos”, argumenta la doctora De Luna.

Sorbos a demanda

No hay que forzar el consumo ni ofuscarse con el número de vasos. Según la especialista, “una persona sana y joven, sólo deberá beber cuando su estímulo de la sed se lo pida. Únicamente será necesario programar las tomas en enfermos, ancianos que pierden esa sensación o en niños pequeños, que aún no la tienen en cuenta”.

La obsesión por el consumo de líquidos está tipificada: Potomanía, “el deseo impulsivo por beber grandes cantidades de agua”, explica la doctora Marina Díaz Marsá, vicepresidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica. “En sí misma no es una enfermedad, sino que va asociada a otro trastorno, como puede ser la anorexia nerviosa, la ansiedad o la esquizofrenia, entre otras. Incluso muchas veces va asociada a la vigorexia en su preocupación por mantener una vida sana”, aclara.

Y por consumo excesivo se entiende muchísimo más de lo necesario. “He tenido pacientes que bebían de ocho a 10 litros diarios. Y como el agua se cuela en el sistema nervioso, tal cantidad puede producir dolores de cabeza, náuseas, convulsiones, la bajada excesiva de sodio que afecta directamente al funcionamiento del cerebro e incluso puede provocar el estado de coma por intoxicación hídrica”. Una manía que tiene cura si se trata la enfermedad de base, como revela la psiquiatra.

fuente: http://www.elmundo.es/vida-sana/estilo-y-gastro/2017/04/19/58e7b06fe2704e9c358b45fb.html 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *