LA COMIDA MODERNA NOS TRAJO TODAS LAS ENFERMEDADES MODERNAS (PARTE 1)

Las enfermedades que aparecieron como consecuencia de la civilización o de la occidentalización de las poblaciones primitivas
Este llamado Síndrome Metabólico se ha asociado a numerosas enfermedades, asociadas al mundo moderno. No existía hace un siglo y no existía hasta hace pocos años en poblaciones que todavía viven formas de vida tradicionales, sin la invasión del hombre blanco y su estilo de vida.
Si nos vamos atrás en el tiempo, podemos ver que estas enfermedades llamadas “Enfermedades de la civilización o de la occidentalización” de las poblaciones no existían en las poblaciones donde la civilización y la comida moderna no había llegado.
Estas observaciones las han hecho investigadores y misioneros que han visitado dichas tribus. Dichas enfermedades no existían en estas poblaciones donde la comida moderna no había llegado.
Uno de los que pudo comprobar estos hechos fue el Dr. Schweitzer, que estuvo desde

1.913 a 1.965 llevando un hospital en una zona de África que hoy es Gabón. Sus trabajos allí le proporcionaron el Nobel de la Paz en 1.952.

El Dr. Schweitzer se sorprendía de no encontrar estas enfermedades (enfermedad coronaria, cáncer, obesidad, diabetes) en estas poblaciones que todavía vivían aisladas de la llegada de la civilización y que vivían y comían de forma tradicional.
Schweitzer comenta en sus publicaciones (8) que se sorprendió de no encontrar casos de cáncer en estas poblaciones.
Sin embargo, el mismo médico comprobó que, una vez llegaban los blancos, con el tiempo, los nativos tendían a vivir más como los colonizadores blancos y, con el paso de los años, estas enfermedades modernas empezaban a manifestarse también en los nativos.
Los médicos no sabían exactamente qué parte de la occidentalización de las tribus era lo que favorecía el desarrollo de estas enfermedades modernas. Sin embargo veían que esto ocurría en todas las poblaciones primitivas que habían ido siendo “civilizadas”, tanto en África, como en los aborígenes de Australia, como en los esquimales del norte de Canadá.
Si miramos los datos de las poblaciones primitivas en América y Canadá (en el Indian Records of the Bureau of Indian Affairs [BIA]).
Mirando los datos demográficos de 1.910 podemos comprobar que prácticamente no existía el cáncer en la población india primitiva en América. Textualmente se podía leer “la enfermedad maligna (cáncer), si acaso existía, debía de ser extremadamente rara”.

Y en esos años, la esperanza de vida en estas poblaciones era igual o superior a la del hombre blanco. Es decir, no estaban muriéndose a edades tempranas por enfermedades infecciosas. Vivían los mismos años, pero no morían de enfermedades cardiovasculares, como enfermedad coronaria por ateroesclerosis.
En esa fecha (1.910) de 115.000 americanos nativos, sólo están documentados 29 casos de tumores malignos. Parece como si el cáncer apenas existiera en estas poblaciones.

En 1.952, la Universidad de Queens, en un estudio sobre los esquimales de la población Inuit describía que no habían encontrado ni un caso cáncer en la población de esquimales inuitas.
Era como si esta gente estuviera protegida del cáncer. Los científicos enviaban a gente a investigar a estas poblaciones que, además de no tener cáncer, tampoco tenían diabetes. Entre los años 1950 y 1974 sólo encontraron un caso de diabetes en la ciudad de Upernavik, de 1.800 habitantes.

Los científicos pensaban que esa ausencia de cáncer y de diabetes en la población sería debida a una condición genética especial de estos esquimales.

Los esquimales inuitas

Antes, en 1.902, el Dr. Samuel Hutton convivió con la población Inuit de esquimales en la costa norte de Labrador y también descubrió que las enfermedades occidentales (cáncer, apendicitis, diabetes) eran extremadamente raras en la población. En 11 años no vio ni un solo caso de cáncer entre los esquimales. Observó que los esquimales eran grandes comedores de carne y que ésta era la parte principal y casi completa de su alimentación. Ninguno tenía escorbuto (por falta de vitamina C), a pesar de no comer frutas ni verduras. Sin embargo, en cuanto los esquimales empezaban a comer la comida del hombre blanco colonizador (harinas y azúcar) el escorbuto aparecía y las enfermedades occidentales aparecían.

En su libro Good Calories Bad Calories, Gary Taubes explica cómo la glucosa compite por el mismo receptor que la Vitamina C y el escorbuto es más prevalente cuanto más azúcares consumimos (harinas, azúcar), a menos que aumentemos la ingesta de vitamina C con cítricos.

En estas poblaciones vírgenes, que no padecían cáncer ni diabetes ni otras enfermedades occidentales, en cuanto fueron colonizadas y empezaron a vivir y a comer con la comida occidental (azúcares y harinas), dichas enfermedades se dispararon: la obesidad, el cáncer, la diabetes tipo 2. Algo había en su forma de vivir anterior, comenta el Dr. Fung, que les protegía de estas enfermedades modernas.

Los masai en África

Algo parecido ocurría a miles de kilómetros de los esquimales, en las aldeas de Kenya y Tanzania. Los masais eran tribus africanas donde el hombre blanco todavía no había impuesto su modo de vida y alimentación y allí, de nuevo, no había obesidad ni hipertensión, ni diabetes.

Alimentación casi completamente basada en carne:

Su alimentación era muy poco variada, basada en carne, sangre y leche. Prácticamente no comían verduras ni frutas. No tenían cáncer y tampoco tenían escorbuto por falta de vitamina C. Era algo parecido a lo que ocurría con los esquimales.

Siempre hemos pensado que las frutas y las verduras son tan necesarias y buenas para nosotros y sin embargo, ahí teníamos dos poblaciones (los masai en África y los esquimales en Canadá), separadas por miles de kilómetros, que subsistían básicamente con carne y que no padecían las enfermedades que hoy en día nos invaden.

Pensamos que comer demasiada carne roja puede ser malo para nosotros y sin embargo eso era todo lo que comían estas tribus nativas donde no existía la hipertensión ni la obesidad entres sus habitantes.
Y los esquimales comían casi todo a base de grasa (todo el pescado azul que cogían) y también gozaban de una excelente salud. Y sin embargo se piensa que tanta grasa puede ser mala y que puede obstruir nuestras arterias.

Los tukisenta (Papua Nueva Guinea), comiendo sólo verduras, también sanos

En el otro extremo del espectro tenemos los Tukisenta, en las islas de Papua Nueva Guinea, cuya alimentación estaba casi completamente basada en carbohidratos. El 95% de su fuente de comida eran carbohidratos no refinados, es decir verduras y frutas.
Frente a los esquimales o los masai, cuya dieta estaba basada completamente en carne y que no comían prácticamente carcohidratos, estas tribus de Nueva Guinea basaban el 95% de su alimentación en carbohidratos.

Y estos también, eran poblaciones muy sanas. Es decir, antes de su occidentalización y colonización por el hombre moderno, no tenían apenas enfermedades. No tenían obesidad, no tenían diabetes, cáncer, etc. Así lo describen los investigadores Trowell y Burkitt en su libro Western Diseases, 1981 (“Enfermedades Occidentales”).
Los kitavanos, también en Nueva Guinea, también con carbohidratos. Muy insulin-sensibles

Esta población primitiva en una pequeña isla en la costa oriental de Nueva Guinea, había sido estudiada en los años 90 por su buena salud y ausencia de enfermedad.
Su alimentación se basaba en un 69% en carbohidratos no refinados (verduras, hortalizas, raíces y cocos). Tampoco tenían hipertensión ni obesidad.

Lo curioso es que, a pesar de tomar cerca del 70% de su alimentación a base de carbohidratos, sus niveles de insulina eran bajísimos. Eran muy insulin sensibles.

En las sociedades modernas, como la nuestras, los niveles de insulina y la resistencia a la insulina aumentan con la edad.
Este factor supone el aumento de las enfermedades asociadas al Síndrome Metabólico. Se incrementan la obesidad abdominal y la hipertensión.
Conforme la gente se hace mayor tiene más tripa y tiene la tensión más alta. Y esto ocurre en España y básicamente en todos los países occidentalizados. A mayor edad, aumento progresivo de la resistencia a la insulina. Más insulina almacenando energía en forma de grasa. Más barriga. Menos energía disponible para utilizarla. Más sedentarismo… como consecuencia de “estar engordando” (no como causa!).

Sin embargo, en estas poblaciones “no civilizadas”, con la edad no aumentan ni la obesidad ni la tensión arterial. Y esto ocurre porque sus niveles de insulina no aumentan con la edad. Permanecen igual se sensibles a la insulina con 50 años que con 15 años. En este estudio (9) miraron los niveles de insulina en ayunas de 164 habitantes de Kitava con edades de entre 20 y 86 años y los compararon con 472 controles de ciudadanos suecos de entre 24 y 75 años.
En los habitantes de Kitava, donde no existe ni los infartos cerebrales ni la enfermedad cardiaca, tanto su tensión arterial como su índice de masa corporal eran muy bajos.
Los niveles de insulina eran más bajos en todas las edades. Curiosamente, frente al ascenso normal de las cifras de insulina en los suecos por encima de los 50 años, en los habitantes de Kitava las cifras incluso descendían con la edad.
Los autores concluyeron que el estilo de vida y alimentación occidentales eran las principales causas de la generación de la resistencia a la insulina, lo cual lleva a niveles cada día más elevados de insulina. Una hormona que nos almacena grasa (lipogénesis), nos impide quemarla como energía (inhibe la lipolisis) y nos sube la tensión (aumentando la retención de agua y sal a nivel del riñón).

En la gráfica, la caja gris corresponde a los niveles medios de insulina (entre el percentil 10 y el 90) de la población sueca. La media de niveles de insulina de los habitantes de Kitava, además de disminuir con la edad, estaba siempre por debajo del percentil 10 de los suecos. Es decir, que el 90% de los suecos tenían unos niveles de insulina superiores a la media de los habitantes de Kitava.

Aunque tomaban carbohidratos (que elevan la insulina puntualmente tras cada ingesta) tenían niveles muy bajos niveles de insulina. La clave es que no tomaban carbohidratos refinados (no tomaban pan, harinas, azúcares) sino que su fuente de carbohidratos era a base de verduras y hortalizas, con su fibra protectora y su muy baja densidad de carbohidrato por cada 100 g de alimento (1 a 4 g por cada 100 g). Los investigadores vieron que menos del 0.2% de su ingesta calórica provenía de comida occidental como harinas, cereales, alcohol, azúcares.

Este ejemplo nos muestra que realmente no es un tema de tomar pocos carbohidratos. No es el carbohidrato en sí el causante de los niveles altos de insulina, sino su refinamiento. La forma en que lo comemos en la comida actual procesada y refinada (comida industrializada, harinas, pan blanco, azúcares).
 
Okinawa, otro ejemplo de salud, comiendo carbohidratos (no refinados)
Los habitantes de la isla de Okinawa, en Japón, también tienen una alta ingesta diaria de carbohidratos (el 85%) y tienen una de las mayores esperanzas de vida del mundo. No tienen apenas enfermedades cardiovasculares y su índice de masa corporal (IMC) medio es de 20.4, es decir, que la mayoría son muy delgados. No tienen obesidad a pesar de tomar tantos carbohidratos. Toman muchos carbohidratos a partir de verduras, hortalizas y frutas. Pero no toman apenas azúcar y tampoco harinas ni comidas refinadas o procesadas.
 
 
Conclusiones a estos estudios de poblaciones primitivas
Tras observar todos estos estudios hechos en poblaciones primitivas, en las que el estilo de vida y la comida occidental aún no ha llegado vemos un par de ideas.
Por un lado, las personas pueden llevar una vida saludable tanto si comen el 95% de las calorías en forma de carne (grasa y proteína) como si el 95% de estas viene de los carbohidratos.
El hombre tiene una gran flexibilidad metabólica y puede vivir tomando el 95% de su dieta en forma de carne o en forma de carbohidratos.
La clave es que ambas poblaciones mantienen unos niveles muy bajos de insulina en todo momento. La insulina sólo se eleva puntualmente en las ingestas de comidas, disminuyendo luego rápidamente tras las comidas, en lugar de permanecer crónicamente elevada.
Lo que no encontramos en estas poblaciones es la entrada de comida procesada, de alimentos refinados, de harinas y de azúcar. Estos son los alimentos que no encontramos allí: harinas, azúcar, comida procesada y bebidas azucaradas.
El resto de su alimentación, verduras, carnes, pescados, tubérculos, no cambian respecto a lo que también tenemos hoy en día en nuestra mesa.
Este es un punto de comienzo para ver la toxicidad de la alimentación y cómo esta influye en la generación de las enfermedades modernas.
 
Poblaciones primitivas que se han ido occidentalizando: Qué ha ocurrido luego?
Una forma de comprobar cómo la comida o estilo de vida occidentales puede afectar a la salud de las poblaciones es ver lo que ocurre en poblaciones indígenas que son colonizadas y occidentalizadas, de manera que adoptan progresivamente el estilo de vida y de alimentación modernas.

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