LA COMIDA MODERNA NOS TRAJO LAS ENFERMEDADES MODERNAS. PARTE 2: EL PAPEL DE LA INSULINA CRÓNICAMENTE ELEVADA

En la entrada anterior (Parte 1 de este tema), basada en la primera parte de esta magnífica charla del Dr. Jason Fung, estuvimos viendo cómo civilizaciones antiguas que tenían una alimentación natural, sin comida procesada y aisladas de la civilización moderna (sin azúcares ni harinas), no padecían muchas de las enfermedades que padecemos hoy en día y que son la principal causa de mortalidad: Infartos de miorcardio,  cáncer, diabetes, hipertensión, obesidad, etc.

Y veíamos que no importaba tanto la proporción de los macronutrientes de su dieta sino que era la ausencia de refinamiento, de ultra-procesamiento de la comida, lo que la hacía más saludable y, de alguna manera, evitaba todas las enfermedades que hoy nos invaden. Por un lado, tanto los esquimales inuitas del norte de Canadá como los masais en África tenían una dieta basada fundamentalmente en carne (grasa animal saturada) con muy escasa o nula ingesta de carbohidratos (verduras o frutas).

Y sin embarto, los kitavanos y los tukisentas en Papua Nueva Guinea, que tampoco tenían enfermedades cardiovasculares ni cáncer, se alimentaban con una dieta basada fundamentalmente en carbohidratos no refinados, con muchas verduras, hortalizas y frutas. No tomaban carbohidratos refinados como harinas o azúcares.
Es decir, importaba más el procesamiento o el refinamiento que realmente si tomaban mucha verdura o mucha carne. Tomando mucha carne no tenían cáncer y tampoco tenían infartos (aunque la creencia popular y los médicos así lo creamos) y con mucha verdura y hortaliza, sin apenas carne, también se libraban de estas enfermedades modernas.
Como no se podía saber si era algo genético o relacionado con el medio ambiente, vimos cómo se habían realizado estudios que mostraban cómo la incidencia de las enfermedades “occidentales” aumentaba en cuanto estas poblaciones eran colonizadas y adoptaban el estilo de vida y comida americana o comida occidental.
En cuanto los esquimales empezaban a vivir y comer como los americanos, su incidencia de infartos, cáncer, HTA y demás aumentaban como si fueran americanos.
Lo mismo con los africanos que iban a vivir a EEUU. Veíamos cómo en 2 generaciones su in incidencia de cáncer y enfermedades cardiovasculares aumentaban.
Y ocurría con los japoneses.
Los que seguían viviendo en Japón apenas tenían infartos y cáncer. Pero en cuanto los japoneses se iban a vivir a EEUU, la incidencia se equiparaba a la de los americanos.
La genética, poco importaba.

El estilo de vida y alimentación parece que jugaba un papel mucho mayor que la genética.

¿Qué es lo que hace que tengamos hoy en día tanta patología cardiovascular y cáncer?
El colesterol?
La grasa de la dieta?
Así nos lo han querido vender.
Sin embargo los inuitas y los masais no hacían más que comer carne y grasa animal y no tenían nada de patología cardiovascular ni de cancer…

El colesterol siempre ha existido (por suerte para nuestra supervivencia) y nunca ha causado ningún problema. Apenas se documentan infartos antes de los años 1.920. El propio Sir William Osler, padre de la medicina moderna, comenta en sus escrito que en el año 1.910, tras trabajar durante una década en el Montreal General Hospital no vio ni un solo caso de infarto.

Sin embargo, a partir de los años 50, con los infartos sucesivos que tuvo Sir  Eisenhower, el primero en 1.955, la epidemia de infartos se ha ido extendiendo hasta nuestros días. Curiosamente, la última analítica del presidente Eisenhower antes de su primer infarto revelaba un colesterol total de sólo 165 mg/dl (la mitad de los infartos se dan con un colesterol bajo, como ya sabéis). El presidente empezó a cambiar la mantequilla por la margarina, dejó de tomar huevos, manteca de cerdo, nata y las sustituyó por aceite de soja y siguió una dieta baja en grasas saturadas, a pesar de la cual tuvo varios infartos posteriores, el último de los cuales, en 1969, acabó con su vida.
Desde los años 50, la incidencia de infartos, de cáncer, de hipertensión ha ido en aumento y en los últimos 30 años, también la obesidad.
Algo debemos estar haciendo mal (que no tiene nada que ver con el colesterol) que nos está matando.

El pueblo americano (y el resto del mundo), guiados por Ancel Keys y su hipótesis lipídica, decidió que la causa era la grasa y empezamos a comer comida “baja en grasa” y alta en carbohidratos, con pan, harinas, azúcar. Todo valía siempre que fuera “bajo en grasa”, incluido el yogur azucarado “light-bajo en grasa”.

Este es un poco el resumen de la primera parte (que recomiendo leer al que no la haya leído, pues es muy interesante y además mucho más corta que esta segunda parte).

Continuamos aquí la charla del Dr. Jason Fung en la que explica el nexo de unión de todas estas enfermedades cardiovasculares y patologías (cáncer) que nos invaden.
El Síndrome Metabólico…
En 1.980 el Dr. Gerald Reaven, de la Universidad de Standford, describió un conjunto de

enfermedades o patologías que se solían dar a la vez y que denominó Síndrome Metabólico.

Este síndrome engloba principalmente las siguientes situaciones:
1. Obesidad visceral abdominal (Aumento del Perímetro abdominal)
2. Aumento de los Triglicéridos
3. Descenso del Colesterol HDL
4. Hipertensión
5. Diabetes tipo 2
6. Hígado graso no alcohólico

 

Y suele llevar asociados la Resistencia a la Insulina, niveles elevados de Ácido Úrico (gota), cálculos biliares y mayor incidencia de enfermedad de Alzheimer y de cáncer.

 

Lo curioso es que estos factores tienden a presentarse juntos.

 

Como si hubiera una causa común que los agrupara o hiciera que aparecieran juntos.

 

Y estas enfermedades eran del espectro que estamos llamando “enfermedades de la civilización occidental” o las enfermedades modernas.

 

Imagen del Dr. Jason Fung explicando la génesis del Síndrome metabólico como generador de las enfermedades de las sociedades modernas
En el esquema de lo que origina el síndrome metabólico, vemos que el nexo de unión entre todas estas enfermedades en la insulina.
Particularmente los niveles crónicamente elevados de la insulina en sangre, favorecidos por la continua ingesta de carbohidratos refinados (harinas, cereales, pan) y de azúcar (azúcar añadido a la comida procesada, bebidas azucaradas, etc).
En la parte inferior de la gráfica se ve el papel de la fructosa (del azúcar añadido y azúcar bebido) favoreciendo la resistencia a la insulina en el hígado, al iniciar el hígado graso no alcohólico. En una posterior entrada explicaremos los peligros del exceso de azúcar en la dieta (hígado graso y resistencia a la insulina) y cómo su ausencia fue lo que permitía al asiático no engordar comiendo arroz.

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