LA COMIDA MODERNA… parte 3

Interpretación: Tanto niveles altos como bajos de Hemoglobina Glicosilada (HbA1c) se relacionan con mortalidad y eventos cardiovasculares. De confirmarse estos resultados, las guías para la diabetes deberán revisarse para incluir un valor mínimo de HbA1c al que querer llegar.
Es decir, que sin saber por qué, piensan que no se debe bajar de una HbA1c de 7 (lo que implica una glucemia media de 130 mg/dl, demasiado alta) porque de otro modo el riesgo de morir es mayor.
Pero no ven en ningún momento que ese riesgo no es porque el azúcar baje demasiado. Realmente sigue estando demasiado alto. Sino porque para conseguir ese nivel de azúcar, el precio que pagan son niveles de insulina demasiado altos, tóxicos para el organismo. El elefante de la habitación era la insulina… pero no lo veían, como en esta foto.
Seguimos pensando en la diabetes tipo 2 como un problema únicamente de demasiada azúcar, cuando realmente es un problema mixto, de demasiada azúcar pero especialmente de demasiada insulina (que no puede hacer su acción por la Resistencia a la Insulina).
Y, sin darnos cuenta del elefante en la habitación, damos más y más insulina y los pacientes se mueren más y más y no nos damos cuenta de que no es que haya un límite de bajar demasiado bien el azúcar sino un límite de subir tanto la insulina.
Si en lugar de dar tanta insulina simplemente bajáramos la ingesta de los alimentos que
suben la insulina: azúcar, carbohidratos refinados, pan, pasta, patata, dulces, comida procesada, ahí atacaríamos el problema desde su raíz y necesitaríamos mucha menos medicación. Menos insulina, más longevidad. De nuevo, una alimentación baja en carbohidratos y alta en grasas mejoraría enormemente este círculo vicioso, con menos medicación, con menos insulina, con menores complicaciones derivadas de ésta.
Pero los médicos seguimos pensando que los infartos en los diabéticos se atajan bajando las grasas de la dieta y dándoles estatinas, cuando el elefante en la habitación (que no vemos) son los niveles demasiado elevados de insulina.

Baja la insulina y mejorarás la supervivencia.
Baja los carbohidratos. Que estos sólo vengan de verduras y hortalizas. Suprime harinas, azúcares y comida refinada y, en su lugar, añade grasas saludables. La grasa no es lo que mata a los diabéticos, dice el Dr. Bernstein (con 83 años y diabetes tipo 1 desde los 12 años), “nos han enseñado a temerla”. Pero temiéndola, los diabéticos, con las recomendaciones actuales del 55% de las calorías en forma de carbohidratos, siguen muriéndose mucho antes, a pesar de tanta medicación o… quizás debería uno decir, debido a tanta medicación (insulina = asesina?).
 
 
Insulinas de larga duración incrementaban el riesgo cardiovascular
A partir del año 2.008 la FDA (Food and Drug Administration) sacó unas guías en las que se requería demostrar la seguridad cardiovascular de cualquier fármaco nuevo que bajara la glucosa en el tratamiento de la diabetes tipo 2. Esto ocurrió por la negativa experiencia encontrada con la Rosiglitazona, de la familia de las Tiazolidindionas. Su utilización se asoció a un aumento del riesgo de infarto de miocardio.
Desde entonces se exigió hacer estudios randomizados, con participantes que serían seguidos durante el tiempo suficiente para ver efectos secundarios, antes de sacar definitivamente a la vente dichos fármacos nuevos.
En este caso (67) se evaluaron los estudios con una nueva insulina de larga duración llamada Tresiba(nombre comercial Insulin Degludec). Bastaba con una inyección diaria y su duración de acción alcanzaba las 42 horas.
Esta fue la primera nueva insulina que tuvo que sufrir estos estudios de evaluación del riesgo antes de ser comercializada. Y esto es lo que encontraron cuando hicieron un seguimiento de los pacientes que tomaron esta nueva insulina de larga duración.
Los resultados fueron alarmantes.

Con la nueva insulina, comparándola con el tratamiento estándar, había un aumento del riesgo de Infarto de Miocardio (MI) del 350 % y había un aumento del 160 % del riesgo de eventos adversos cardiovasculares mayores (MACE: Major Adverse Cardiovascular events) en el que entraban la muerte de origen cardiovascular, el infarto de miocardio no fatal y el ictus no fatal.

Es decir, que la insulina no era buena para los pacientes.
Era mala para los pacientes.
No solamente un poquito mala.
Era muyyyyy mala para los pacientes…

Y esta es la base de nuestro tratamiento actual de los pacientes con diabetes tipo 2. Las altas dosis de insulina para controlar muy requetebien las glucemias (glucosa en sangre) de los pacientes.

Esto no se había evaluado en anteriores insulinas sacadas al mercado. Era la primera vez que se hacía un seguimiento detallado y se encontraban estos resultados… que resultaron ser poco agradables.


Metformina versus Sulfonilureas:
Resultados controlando la glucosa subiendo o no la insulina

La cosa se pone muy interesantes cuando uno empieza a comparar diferentes fármacos que actúan de manera diferente para lograr un mismo resultado, mantener estables las glucemias de los pacientes con diabetes tipo 2.

La metformina no eleva los niveles de insulina. Aumenta la sensibilidad de las células a la acción de la insulina (bueno).
Las Sulfonilureas aumentan la producción de insulina del páncreas y elevan los niveles.

Con ambas drogas, los niveles de “azúcar en la sangre” (glucemia) se controlan igual de bien. De manera que los niveles altos de azúcar se eliminan de la ecuación como factor de riesgo cardiovascular. Eh ambos grupos, los niveles de azúcar se controlan igual de bien.

De manera que en este estudio realizado en el año 2.012: “Comparative Effectiveness of Sulfonylurea and Metformin Monotherapy on Cardiovascular Events in Type 2 Diabetes MellitusA Cohort Study “  (8), se cogieron 253.690 pacientes con diabetes tipo 2 y se inició el tratamiento a un grupo de pacientes con Metformina y al otro con Sulfonilureas, siguiéndoles durante 5 años.

Cuando  miraron restrospectivamente lo que pasó al cabo de 5 años de iniciar los dos tratamientos con los dos grupos de pacientes, observaron una importante diferencia en la incidencia de eventos cardiovasculares y muertes, un 21% superior en el grupo que tomó las sulfonilureas (que suben la insulina) respecto del grupo que tomó la Metformina (que no eleva la insulina).
De nuevo, a mayores niveles de insulina, mayor mortalidad cardiovascular (infartos, etc).

En este otro estudio randomizado (9), a doble ciego, publicado en mayo de 2013: “Effects of Metformin Versus Glipizide on Cardiovascular Outcomes in Patients With Type 2 Diabetes and Coronary Artery Disease”, se cogieron a 304 pacientes con DM 2 con una media de edad de 63 años y se les siguió durante 3 años, dando a un grupo metformina como tratamiento de su diabetes y al otro dándoles Glipizida, una sulfonilurea. En ambos grupos se consiguió controlar de forma similar el azúcar en la sangre, con una Hemoglobina Glicada de 7% para la Metformina y 7.01% para la Sulfonilurea.

Pero en el seguimiento a 5 años, vieron grandes diferencias en cuanto a los eventos cardiovasculares en ambos grupos.

Comparando los resultados vieron que el grupo que tomaba la Glipizida (Sulfonilurea, que eleva los niveles de insulina) tuvieron:

– Un mayor riesgo de muerte
– Un mayor riesgo de infartos de miocardio (MI)
– Un mayor riesgo de ictus
– Una mayor incidencia de intervenciones para revascularización (angioplastia en infarto agudo)

Es decir, los pacientes que necesitaron niveles de insulina más altos para controlar el azúcar (al utilizar Sulfonilureas) tuvieron muchas más complicaciones cardiovasculares que el grupo que utilizó metformina, controlando el azúcar en la sangre sin elevar los niveles de insulina.
Y en ambos grupos, el azúcar estaba controlado al mismo nivel, sacando esa variable de la ecuación.
Es decir, que no sólo es inflamatorio el azúcar elevado en sangre. La insulina juega un papel inflamatorio y tóxico muy importante cuando está elevada continuamente.


Bajando los niveles de glucosa (bueno) a base de subir los niveles de insulina (malo): Resultados? Se compensan, no beneficio. Estudio ORIGIN

En el ensayo ORIGIN (11), un enorme estudio multicéntrico con 12.537 pacientes diabéticos de 40 países, se comparó a dos grupos viendo si el mejor control de los niveles de azúcar con la Insulina de larga duración (Glargine) se traducía en una menor mortalidad cardiovascular, versus el tratamiento estándar, que controlaba menos los niveles óptimos de azúcar, pero también recibiendo menores cantidades de insulina pinchada.

En el grupo intervención se controlaron muy bien los niveles de azúcar en la sangre (tóxica), aunque a base de incrementar la medicación con insulina de larga duración (glargina) mientras que al grupo control se le dejó el tratamiento habitual, con menos insulina y con peor control de la glucosa.

Diferencias? Ninguna

Al cabo de 5-7 años no pudieron encontrar ninguna diferencia en supervivencia entre los
dos grupos. Es decir, el súper control del azúcar en la sangre parece que no ofreció las ventajas esperadas.

El problema es que, para controlar así de bien el azúcar, tenían que dar mucha insulina.
De manera que estaban intercambiando la toxicidad de los niveles elevados de azúcar por la toxicidad de los niveles elevados de insulina. Ambos son malos.
Bajando uno y subiendo el otro, las toxicidades se compensaron, sin beneficios finales tras 5 años de este enorme estudio multicéntrico.


Bajando los niveles de glucosa SIN subir los niveles de insulina… sí que se mejoraba la supervivencia

En el año 2.003 se publicó en JAMA este estudio: “Acarbose Treatment and the Risk of Cardiovascular Disease and Hypertension in Patients With Impaired Glucose Tolerance. The STOP-NIDDM Trial” (10) en el que se intentaba controlar los niveles de azúcar en la sangre SIN subir la insulina.

Cogieron 1.429 pacientes con Intolerancia a la glucosa (estado pre-diabético) y los siguieron durante 3.3 años.

A un grupo les dieron un placebo y al otro un fármaco (que ahora apenas se usa) llamado Acarbosa. Su modo de acción funcinona mediante el bloqueo de la absorción de los carbohidratos de la dieta.

Reflexión personal:
Es curioso que, en lugar de usar una alimentación baja en carbohidratos refinados (evitando harinas, cereales, pasta, patata, zumos, etc) como se haría en una alimentación LCHF, prefieren que los pacientes tomen carbohidratos refinados y harinas y además darles un fármaco que impida que parte de esos carbohidratos se absorban en el intestino y de esa forma suba menos el azúcar.
¿No sería más lógico reducir los carbohidratos a estas personas “carbo intolerantes” en lugar de sobre-cargarles con lo que toleran mal y tener que añadir un fármaco para que no se absorban esos carbohidratos?
Es ilógico. Pero así nos han enseñado a funcionar a los médicos, tirando de fármacos.

Inflate a comer pan, luego toma acarbosa. Si con eso no puedes, además pínchate insulina, engorda , sube tu tensión y tu inflamación y en un par de años te hago una angioplastia coronaria cuando te dé el primer infarto.
Ah, pero no dejes el pan ni otros “carbohidratos complejos” tan saludables para ti. Y por supuesto, toma alimentos light, bajos en grasa, no se te vaya a acumular en las arterias.

¿Qué resultados encontraron en ambos grupos?

Al cabo de 3.3 años de seguimiento vieron que había una enorme diferencia.

Es decir, los pacientes que consiguieron controlar sus niveles de azúcar en la sangre con la acarbosa, sin subir los niveles de insulina, tuvieron una reducción de casi el 50% en efectos adversos cardiovasculares (infartos, ictus, etc.) con respecto al grupo que no tomó nada.
Es decir, controlar los niveles de azúcar en la sangre sin la necesidad de elevar los niveles de insulinaofrecía una protección del 50% sobre el grupo control.

Y además mejoró la hipertensión en estos pacientes, lo cual fue un dato muy interesante.

Esto se explica entendiendo el síndrome metabólico, lo cual es un espectro en el que se englobaría a estos pacientes con intolerancia a la glucosa (su glucosa sube mucho al ingerir azúcares, pero sin llegar a rango diabético).

La Hipertensión Arterial es una de las características que definen al síndrome metabólico, en el que los niveles altos de glucosa hacen subir los niveles de insulina y, como hemos explicado antes, el papel de la insulina de retención hidro-salina a nivel renal, eleva la tensión arterial. No es la sal la culpable de la hipertensión. La sal es necesaria para la vida. Es la insulina la que nos eleva la tensión. Son los azúcares de la dieta. No es la sal, una vez más.


Insulina, la generadora de los problemas

Volviendo a mirar esta imagen de los factores generadores de las enfermedades de las civilizaciones modernas, vemos que en el centro del proceso se encuentran los niveles crónicamente elevados de insulina.

Cuando ignoramos que la insulina elevada está en el origen de toda la patología y damos toneladas de insulina a los diabéticos tipo 2, no les estamos ayudando, pues estamos perpetuando el ciclo pasando por el eje. El eje de la insulina crónicamente elevada.
Creo que es un gran error, comenta del Dr. Jason Fung.

“Estábamos intentando apagar el fuego… con gasolina”

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