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El malgaste de arroz acaba por anular récord Guinness en China

Se cocinan cuatro toneladas de arroz en un intento de récord mundial Guinness en Yangzhóu

La organización Guinness World Records (Récords Guinness) anuló el récord de un grupo de 300 personas que cocinaron cuatro toneladas de arroz frito en la ciudad china de Yangzhóu de la provincia oriental de Jiangsu por malgastar la comida.

“Nos contuvimos en publicar los resultados porque habíamos revisado la información presentada por el organizador”, declaró a la agencia Xinhua Sharon Yang, de Guinness Greater China.

Según la directora, “el organizador admitió que 150 kilógramos de arroz fueron utilizados de forma inadecuada. Hay que dar a la gente los productos creados en cualquier intento de récord relacionado con comida y no hay que malgastarlos”.

“Por eso notificamos al organizado que el récord fue anulado”, añadió.

La decisión tuvo lugar después de que se enterarán de que una parte del arroz fue usado como comida para cerdos.

Este año se celebra el 2.500º aniversario de la ciudad de Yangzhóu donde, como parte de la celebración, 300 personas pasaron cuatro horas cocinando 4,19 toneladas de arroz frito.

Se informó que el arroz frito con huevos, pepinos de mar y otros ingredientes batió el anterior récord de Turquía.

El organizador del evento indicó que el arroz frito se repartiría entre los alumnos de cuatro escuelas.

LA COMIDA MODERNA… parte 3

Interpretación: Tanto niveles altos como bajos de Hemoglobina Glicosilada (HbA1c) se relacionan con mortalidad y eventos cardiovasculares. De confirmarse estos resultados, las guías para la diabetes deberán revisarse para incluir un valor mínimo de HbA1c al que querer llegar.
Es decir, que sin saber por qué, piensan que no se debe bajar de una HbA1c de 7 (lo que implica una glucemia media de 130 mg/dl, demasiado alta) porque de otro modo el riesgo de morir es mayor.
Pero no ven en ningún momento que ese riesgo no es porque el azúcar baje demasiado. Realmente sigue estando demasiado alto. Sino porque para conseguir ese nivel de azúcar, el precio que pagan son niveles de insulina demasiado altos, tóxicos para el organismo. El elefante de la habitación era la insulina… pero no lo veían, como en esta foto.
Seguimos pensando en la diabetes tipo 2 como un problema únicamente de demasiada azúcar, cuando realmente es un problema mixto, de demasiada azúcar pero especialmente de demasiada insulina (que no puede hacer su acción por la Resistencia a la Insulina).
Y, sin darnos cuenta del elefante en la habitación, damos más y más insulina y los pacientes se mueren más y más y no nos damos cuenta de que no es que haya un límite de bajar demasiado bien el azúcar sino un límite de subir tanto la insulina.
Si en lugar de dar tanta insulina simplemente bajáramos la ingesta de los alimentos que
suben la insulina: azúcar, carbohidratos refinados, pan, pasta, patata, dulces, comida procesada, ahí atacaríamos el problema desde su raíz y necesitaríamos mucha menos medicación. Menos insulina, más longevidad. De nuevo, una alimentación baja en carbohidratos y alta en grasas mejoraría enormemente este círculo vicioso, con menos medicación, con menos insulina, con menores complicaciones derivadas de ésta.
Pero los médicos seguimos pensando que los infartos en los diabéticos se atajan bajando las grasas de la dieta y dándoles estatinas, cuando el elefante en la habitación (que no vemos) son los niveles demasiado elevados de insulina.

Baja la insulina y mejorarás la supervivencia.
Baja los carbohidratos. Que estos sólo vengan de verduras y hortalizas. Suprime harinas, azúcares y comida refinada y, en su lugar, añade grasas saludables. La grasa no es lo que mata a los diabéticos, dice el Dr. Bernstein (con 83 años y diabetes tipo 1 desde los 12 años), “nos han enseñado a temerla”. Pero temiéndola, los diabéticos, con las recomendaciones actuales del 55% de las calorías en forma de carbohidratos, siguen muriéndose mucho antes, a pesar de tanta medicación o… quizás debería uno decir, debido a tanta medicación (insulina = asesina?).
 
 
Insulinas de larga duración incrementaban el riesgo cardiovascular
A partir del año 2.008 la FDA (Food and Drug Administration) sacó unas guías en las que se requería demostrar la seguridad cardiovascular de cualquier fármaco nuevo que bajara la glucosa en el tratamiento de la diabetes tipo 2. Esto ocurrió por la negativa experiencia encontrada con la Rosiglitazona, de la familia de las Tiazolidindionas. Su utilización se asoció a un aumento del riesgo de infarto de miocardio.
Desde entonces se exigió hacer estudios randomizados, con participantes que serían seguidos durante el tiempo suficiente para ver efectos secundarios, antes de sacar definitivamente a la vente dichos fármacos nuevos.
En este caso (67) se evaluaron los estudios con una nueva insulina de larga duración llamada Tresiba(nombre comercial Insulin Degludec). Bastaba con una inyección diaria y su duración de acción alcanzaba las 42 horas.
Esta fue la primera nueva insulina que tuvo que sufrir estos estudios de evaluación del riesgo antes de ser comercializada. Y esto es lo que encontraron cuando hicieron un seguimiento de los pacientes que tomaron esta nueva insulina de larga duración.
Los resultados fueron alarmantes.

Con la nueva insulina, comparándola con el tratamiento estándar, había un aumento del riesgo de Infarto de Miocardio (MI) del 350 % y había un aumento del 160 % del riesgo de eventos adversos cardiovasculares mayores (MACE: Major Adverse Cardiovascular events) en el que entraban la muerte de origen cardiovascular, el infarto de miocardio no fatal y el ictus no fatal.

Es decir, que la insulina no era buena para los pacientes.
Era mala para los pacientes.
No solamente un poquito mala.
Era muyyyyy mala para los pacientes…

Y esta es la base de nuestro tratamiento actual de los pacientes con diabetes tipo 2. Las altas dosis de insulina para controlar muy requetebien las glucemias (glucosa en sangre) de los pacientes.

Esto no se había evaluado en anteriores insulinas sacadas al mercado. Era la primera vez que se hacía un seguimiento detallado y se encontraban estos resultados… que resultaron ser poco agradables.


Metformina versus Sulfonilureas:
Resultados controlando la glucosa subiendo o no la insulina

La cosa se pone muy interesantes cuando uno empieza a comparar diferentes fármacos que actúan de manera diferente para lograr un mismo resultado, mantener estables las glucemias de los pacientes con diabetes tipo 2.

La metformina no eleva los niveles de insulina. Aumenta la sensibilidad de las células a la acción de la insulina (bueno).
Las Sulfonilureas aumentan la producción de insulina del páncreas y elevan los niveles.

Con ambas drogas, los niveles de “azúcar en la sangre” (glucemia) se controlan igual de bien. De manera que los niveles altos de azúcar se eliminan de la ecuación como factor de riesgo cardiovascular. Eh ambos grupos, los niveles de azúcar se controlan igual de bien.

De manera que en este estudio realizado en el año 2.012: “Comparative Effectiveness of Sulfonylurea and Metformin Monotherapy on Cardiovascular Events in Type 2 Diabetes MellitusA Cohort Study “  (8), se cogieron 253.690 pacientes con diabetes tipo 2 y se inició el tratamiento a un grupo de pacientes con Metformina y al otro con Sulfonilureas, siguiéndoles durante 5 años.

Cuando  miraron restrospectivamente lo que pasó al cabo de 5 años de iniciar los dos tratamientos con los dos grupos de pacientes, observaron una importante diferencia en la incidencia de eventos cardiovasculares y muertes, un 21% superior en el grupo que tomó las sulfonilureas (que suben la insulina) respecto del grupo que tomó la Metformina (que no eleva la insulina).
De nuevo, a mayores niveles de insulina, mayor mortalidad cardiovascular (infartos, etc).

En este otro estudio randomizado (9), a doble ciego, publicado en mayo de 2013: “Effects of Metformin Versus Glipizide on Cardiovascular Outcomes in Patients With Type 2 Diabetes and Coronary Artery Disease”, se cogieron a 304 pacientes con DM 2 con una media de edad de 63 años y se les siguió durante 3 años, dando a un grupo metformina como tratamiento de su diabetes y al otro dándoles Glipizida, una sulfonilurea. En ambos grupos se consiguió controlar de forma similar el azúcar en la sangre, con una Hemoglobina Glicada de 7% para la Metformina y 7.01% para la Sulfonilurea.

Pero en el seguimiento a 5 años, vieron grandes diferencias en cuanto a los eventos cardiovasculares en ambos grupos.

Comparando los resultados vieron que el grupo que tomaba la Glipizida (Sulfonilurea, que eleva los niveles de insulina) tuvieron:

– Un mayor riesgo de muerte
– Un mayor riesgo de infartos de miocardio (MI)
– Un mayor riesgo de ictus
– Una mayor incidencia de intervenciones para revascularización (angioplastia en infarto agudo)

Es decir, los pacientes que necesitaron niveles de insulina más altos para controlar el azúcar (al utilizar Sulfonilureas) tuvieron muchas más complicaciones cardiovasculares que el grupo que utilizó metformina, controlando el azúcar en la sangre sin elevar los niveles de insulina.
Y en ambos grupos, el azúcar estaba controlado al mismo nivel, sacando esa variable de la ecuación.
Es decir, que no sólo es inflamatorio el azúcar elevado en sangre. La insulina juega un papel inflamatorio y tóxico muy importante cuando está elevada continuamente.


Bajando los niveles de glucosa (bueno) a base de subir los niveles de insulina (malo): Resultados? Se compensan, no beneficio. Estudio ORIGIN

En el ensayo ORIGIN (11), un enorme estudio multicéntrico con 12.537 pacientes diabéticos de 40 países, se comparó a dos grupos viendo si el mejor control de los niveles de azúcar con la Insulina de larga duración (Glargine) se traducía en una menor mortalidad cardiovascular, versus el tratamiento estándar, que controlaba menos los niveles óptimos de azúcar, pero también recibiendo menores cantidades de insulina pinchada.

En el grupo intervención se controlaron muy bien los niveles de azúcar en la sangre (tóxica), aunque a base de incrementar la medicación con insulina de larga duración (glargina) mientras que al grupo control se le dejó el tratamiento habitual, con menos insulina y con peor control de la glucosa.

Diferencias? Ninguna

Al cabo de 5-7 años no pudieron encontrar ninguna diferencia en supervivencia entre los
dos grupos. Es decir, el súper control del azúcar en la sangre parece que no ofreció las ventajas esperadas.

El problema es que, para controlar así de bien el azúcar, tenían que dar mucha insulina.
De manera que estaban intercambiando la toxicidad de los niveles elevados de azúcar por la toxicidad de los niveles elevados de insulina. Ambos son malos.
Bajando uno y subiendo el otro, las toxicidades se compensaron, sin beneficios finales tras 5 años de este enorme estudio multicéntrico.


Bajando los niveles de glucosa SIN subir los niveles de insulina… sí que se mejoraba la supervivencia

En el año 2.003 se publicó en JAMA este estudio: “Acarbose Treatment and the Risk of Cardiovascular Disease and Hypertension in Patients With Impaired Glucose Tolerance. The STOP-NIDDM Trial” (10) en el que se intentaba controlar los niveles de azúcar en la sangre SIN subir la insulina.

Cogieron 1.429 pacientes con Intolerancia a la glucosa (estado pre-diabético) y los siguieron durante 3.3 años.

A un grupo les dieron un placebo y al otro un fármaco (que ahora apenas se usa) llamado Acarbosa. Su modo de acción funcinona mediante el bloqueo de la absorción de los carbohidratos de la dieta.

Reflexión personal:
Es curioso que, en lugar de usar una alimentación baja en carbohidratos refinados (evitando harinas, cereales, pasta, patata, zumos, etc) como se haría en una alimentación LCHF, prefieren que los pacientes tomen carbohidratos refinados y harinas y además darles un fármaco que impida que parte de esos carbohidratos se absorban en el intestino y de esa forma suba menos el azúcar.
¿No sería más lógico reducir los carbohidratos a estas personas “carbo intolerantes” en lugar de sobre-cargarles con lo que toleran mal y tener que añadir un fármaco para que no se absorban esos carbohidratos?
Es ilógico. Pero así nos han enseñado a funcionar a los médicos, tirando de fármacos.

Inflate a comer pan, luego toma acarbosa. Si con eso no puedes, además pínchate insulina, engorda , sube tu tensión y tu inflamación y en un par de años te hago una angioplastia coronaria cuando te dé el primer infarto.
Ah, pero no dejes el pan ni otros “carbohidratos complejos” tan saludables para ti. Y por supuesto, toma alimentos light, bajos en grasa, no se te vaya a acumular en las arterias.

¿Qué resultados encontraron en ambos grupos?

Al cabo de 3.3 años de seguimiento vieron que había una enorme diferencia.

Es decir, los pacientes que consiguieron controlar sus niveles de azúcar en la sangre con la acarbosa, sin subir los niveles de insulina, tuvieron una reducción de casi el 50% en efectos adversos cardiovasculares (infartos, ictus, etc.) con respecto al grupo que no tomó nada.
Es decir, controlar los niveles de azúcar en la sangre sin la necesidad de elevar los niveles de insulinaofrecía una protección del 50% sobre el grupo control.

Y además mejoró la hipertensión en estos pacientes, lo cual fue un dato muy interesante.

Esto se explica entendiendo el síndrome metabólico, lo cual es un espectro en el que se englobaría a estos pacientes con intolerancia a la glucosa (su glucosa sube mucho al ingerir azúcares, pero sin llegar a rango diabético).

La Hipertensión Arterial es una de las características que definen al síndrome metabólico, en el que los niveles altos de glucosa hacen subir los niveles de insulina y, como hemos explicado antes, el papel de la insulina de retención hidro-salina a nivel renal, eleva la tensión arterial. No es la sal la culpable de la hipertensión. La sal es necesaria para la vida. Es la insulina la que nos eleva la tensión. Son los azúcares de la dieta. No es la sal, una vez más.


Insulina, la generadora de los problemas

Volviendo a mirar esta imagen de los factores generadores de las enfermedades de las civilizaciones modernas, vemos que en el centro del proceso se encuentran los niveles crónicamente elevados de insulina.

Cuando ignoramos que la insulina elevada está en el origen de toda la patología y damos toneladas de insulina a los diabéticos tipo 2, no les estamos ayudando, pues estamos perpetuando el ciclo pasando por el eje. El eje de la insulina crónicamente elevada.
Creo que es un gran error, comenta del Dr. Jason Fung.

“Estábamos intentando apagar el fuego… con gasolina”

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LA COMIDA MODERNA NOS TRAJO LAS ENFERMEDADES MODERNAS. PARTE 2: EL PAPEL DE LA INSULINA CRÓNICAMENTE ELEVADA

En la entrada anterior (Parte 1 de este tema), basada en la primera parte de esta magnífica charla del Dr. Jason Fung, estuvimos viendo cómo civilizaciones antiguas que tenían una alimentación natural, sin comida procesada y aisladas de la civilización moderna (sin azúcares ni harinas), no padecían muchas de las enfermedades que padecemos hoy en día y que son la principal causa de mortalidad: Infartos de miorcardio,  cáncer, diabetes, hipertensión, obesidad, etc.

Y veíamos que no importaba tanto la proporción de los macronutrientes de su dieta sino que era la ausencia de refinamiento, de ultra-procesamiento de la comida, lo que la hacía más saludable y, de alguna manera, evitaba todas las enfermedades que hoy nos invaden. Por un lado, tanto los esquimales inuitas del norte de Canadá como los masais en África tenían una dieta basada fundamentalmente en carne (grasa animal saturada) con muy escasa o nula ingesta de carbohidratos (verduras o frutas).

Y sin embarto, los kitavanos y los tukisentas en Papua Nueva Guinea, que tampoco tenían enfermedades cardiovasculares ni cáncer, se alimentaban con una dieta basada fundamentalmente en carbohidratos no refinados, con muchas verduras, hortalizas y frutas. No tomaban carbohidratos refinados como harinas o azúcares.
Es decir, importaba más el procesamiento o el refinamiento que realmente si tomaban mucha verdura o mucha carne. Tomando mucha carne no tenían cáncer y tampoco tenían infartos (aunque la creencia popular y los médicos así lo creamos) y con mucha verdura y hortaliza, sin apenas carne, también se libraban de estas enfermedades modernas.
Como no se podía saber si era algo genético o relacionado con el medio ambiente, vimos cómo se habían realizado estudios que mostraban cómo la incidencia de las enfermedades “occidentales” aumentaba en cuanto estas poblaciones eran colonizadas y adoptaban el estilo de vida y comida americana o comida occidental.
En cuanto los esquimales empezaban a vivir y comer como los americanos, su incidencia de infartos, cáncer, HTA y demás aumentaban como si fueran americanos.
Lo mismo con los africanos que iban a vivir a EEUU. Veíamos cómo en 2 generaciones su in incidencia de cáncer y enfermedades cardiovasculares aumentaban.
Y ocurría con los japoneses.
Los que seguían viviendo en Japón apenas tenían infartos y cáncer. Pero en cuanto los japoneses se iban a vivir a EEUU, la incidencia se equiparaba a la de los americanos.
La genética, poco importaba.

El estilo de vida y alimentación parece que jugaba un papel mucho mayor que la genética.

¿Qué es lo que hace que tengamos hoy en día tanta patología cardiovascular y cáncer?
El colesterol?
La grasa de la dieta?
Así nos lo han querido vender.
Sin embargo los inuitas y los masais no hacían más que comer carne y grasa animal y no tenían nada de patología cardiovascular ni de cancer…

El colesterol siempre ha existido (por suerte para nuestra supervivencia) y nunca ha causado ningún problema. Apenas se documentan infartos antes de los años 1.920. El propio Sir William Osler, padre de la medicina moderna, comenta en sus escrito que en el año 1.910, tras trabajar durante una década en el Montreal General Hospital no vio ni un solo caso de infarto.

Sin embargo, a partir de los años 50, con los infartos sucesivos que tuvo Sir  Eisenhower, el primero en 1.955, la epidemia de infartos se ha ido extendiendo hasta nuestros días. Curiosamente, la última analítica del presidente Eisenhower antes de su primer infarto revelaba un colesterol total de sólo 165 mg/dl (la mitad de los infartos se dan con un colesterol bajo, como ya sabéis). El presidente empezó a cambiar la mantequilla por la margarina, dejó de tomar huevos, manteca de cerdo, nata y las sustituyó por aceite de soja y siguió una dieta baja en grasas saturadas, a pesar de la cual tuvo varios infartos posteriores, el último de los cuales, en 1969, acabó con su vida.
Desde los años 50, la incidencia de infartos, de cáncer, de hipertensión ha ido en aumento y en los últimos 30 años, también la obesidad.
Algo debemos estar haciendo mal (que no tiene nada que ver con el colesterol) que nos está matando.

El pueblo americano (y el resto del mundo), guiados por Ancel Keys y su hipótesis lipídica, decidió que la causa era la grasa y empezamos a comer comida “baja en grasa” y alta en carbohidratos, con pan, harinas, azúcar. Todo valía siempre que fuera “bajo en grasa”, incluido el yogur azucarado “light-bajo en grasa”.

Este es un poco el resumen de la primera parte (que recomiendo leer al que no la haya leído, pues es muy interesante y además mucho más corta que esta segunda parte).

Continuamos aquí la charla del Dr. Jason Fung en la que explica el nexo de unión de todas estas enfermedades cardiovasculares y patologías (cáncer) que nos invaden.
El Síndrome Metabólico…
En 1.980 el Dr. Gerald Reaven, de la Universidad de Standford, describió un conjunto de

enfermedades o patologías que se solían dar a la vez y que denominó Síndrome Metabólico.

Este síndrome engloba principalmente las siguientes situaciones:
1. Obesidad visceral abdominal (Aumento del Perímetro abdominal)
2. Aumento de los Triglicéridos
3. Descenso del Colesterol HDL
4. Hipertensión
5. Diabetes tipo 2
6. Hígado graso no alcohólico

 

Y suele llevar asociados la Resistencia a la Insulina, niveles elevados de Ácido Úrico (gota), cálculos biliares y mayor incidencia de enfermedad de Alzheimer y de cáncer.

 

Lo curioso es que estos factores tienden a presentarse juntos.

 

Como si hubiera una causa común que los agrupara o hiciera que aparecieran juntos.

 

Y estas enfermedades eran del espectro que estamos llamando “enfermedades de la civilización occidental” o las enfermedades modernas.

 

Imagen del Dr. Jason Fung explicando la génesis del Síndrome metabólico como generador de las enfermedades de las sociedades modernas
En el esquema de lo que origina el síndrome metabólico, vemos que el nexo de unión entre todas estas enfermedades en la insulina.
Particularmente los niveles crónicamente elevados de la insulina en sangre, favorecidos por la continua ingesta de carbohidratos refinados (harinas, cereales, pan) y de azúcar (azúcar añadido a la comida procesada, bebidas azucaradas, etc).
En la parte inferior de la gráfica se ve el papel de la fructosa (del azúcar añadido y azúcar bebido) favoreciendo la resistencia a la insulina en el hígado, al iniciar el hígado graso no alcohólico. En una posterior entrada explicaremos los peligros del exceso de azúcar en la dieta (hígado graso y resistencia a la insulina) y cómo su ausencia fue lo que permitía al asiático no engordar comiendo arroz.

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LA COMIDA MODERNA NOS TRAJO TODAS LAS ENFERMEDADES MODERNAS (PARTE 1)

Las enfermedades que aparecieron como consecuencia de la civilización o de la occidentalización de las poblaciones primitivas
Este llamado Síndrome Metabólico se ha asociado a numerosas enfermedades, asociadas al mundo moderno. No existía hace un siglo y no existía hasta hace pocos años en poblaciones que todavía viven formas de vida tradicionales, sin la invasión del hombre blanco y su estilo de vida.
Si nos vamos atrás en el tiempo, podemos ver que estas enfermedades llamadas “Enfermedades de la civilización o de la occidentalización” de las poblaciones no existían en las poblaciones donde la civilización y la comida moderna no había llegado.
Estas observaciones las han hecho investigadores y misioneros que han visitado dichas tribus. Dichas enfermedades no existían en estas poblaciones donde la comida moderna no había llegado.
Uno de los que pudo comprobar estos hechos fue el Dr. Schweitzer, que estuvo desde

1.913 a 1.965 llevando un hospital en una zona de África que hoy es Gabón. Sus trabajos allí le proporcionaron el Nobel de la Paz en 1.952.

El Dr. Schweitzer se sorprendía de no encontrar estas enfermedades (enfermedad coronaria, cáncer, obesidad, diabetes) en estas poblaciones que todavía vivían aisladas de la llegada de la civilización y que vivían y comían de forma tradicional.
Schweitzer comenta en sus publicaciones (8) que se sorprendió de no encontrar casos de cáncer en estas poblaciones.
Sin embargo, el mismo médico comprobó que, una vez llegaban los blancos, con el tiempo, los nativos tendían a vivir más como los colonizadores blancos y, con el paso de los años, estas enfermedades modernas empezaban a manifestarse también en los nativos.
Los médicos no sabían exactamente qué parte de la occidentalización de las tribus era lo que favorecía el desarrollo de estas enfermedades modernas. Sin embargo veían que esto ocurría en todas las poblaciones primitivas que habían ido siendo “civilizadas”, tanto en África, como en los aborígenes de Australia, como en los esquimales del norte de Canadá.
Si miramos los datos de las poblaciones primitivas en América y Canadá (en el Indian Records of the Bureau of Indian Affairs [BIA]).
Mirando los datos demográficos de 1.910 podemos comprobar que prácticamente no existía el cáncer en la población india primitiva en América. Textualmente se podía leer “la enfermedad maligna (cáncer), si acaso existía, debía de ser extremadamente rara”.

Y en esos años, la esperanza de vida en estas poblaciones era igual o superior a la del hombre blanco. Es decir, no estaban muriéndose a edades tempranas por enfermedades infecciosas. Vivían los mismos años, pero no morían de enfermedades cardiovasculares, como enfermedad coronaria por ateroesclerosis.
En esa fecha (1.910) de 115.000 americanos nativos, sólo están documentados 29 casos de tumores malignos. Parece como si el cáncer apenas existiera en estas poblaciones.

En 1.952, la Universidad de Queens, en un estudio sobre los esquimales de la población Inuit describía que no habían encontrado ni un caso cáncer en la población de esquimales inuitas.
Era como si esta gente estuviera protegida del cáncer. Los científicos enviaban a gente a investigar a estas poblaciones que, además de no tener cáncer, tampoco tenían diabetes. Entre los años 1950 y 1974 sólo encontraron un caso de diabetes en la ciudad de Upernavik, de 1.800 habitantes.

Los científicos pensaban que esa ausencia de cáncer y de diabetes en la población sería debida a una condición genética especial de estos esquimales.

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¿Qué es el panga? ¿Es peligroso su consumo?

¿Qué es el panga? ¿Es peligroso su consumo? 5 claves sobre un pescado en el punto de mira

El panga es un pez de agua dulce que se cría habitualmente en granjas de acuicultura. Puede llegar a pesar 45 kilos y medir más de un metro, y se ha popularizado mucho en los últimos años debido a su precio asequible y a la ausencia de espinas en los filetes. Es muy frecuente en menús de hospitales y colegios.

¿DÓNDE SE CRÍA?

Su hábitat natural se encuentra en ríos y lagos del sureste asiático, sobre todo en Tailandia y Vietnam, aunque prácticamente todo el panga que llega a nuestros mercados proviene de la cría en acuicultura en Vietnam, productor del 90% del panga que se consume en todo el mundo alimentado en el lejano río Mekong. Aproximadamente 1,55 millones de toneladas de pescado al año.

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